domingo, 25 de marzo de 2012

El viernes pasado, presenté mi libro en Zaragoza. A mi entender, fue un éxito total.  Más de 40 personas aistieron al evento. Las palabras que pronunció Mª Asun fueron extraordinarias, llenas de contenido e intención. También de afecto hacia mí. Pero las mías, las improvisé, en lugar de leer el texto que tenía preparado. Así es que lo transcribo aquí para que lo pueda leer quien quiera, aunque sea un poco extenso:


PRESENTACIÓN DE “LA BODA DE ANDREA” EN ZARAGOZA
Biblioteca municipal “María Moliner”
23 de abril de 2012
7 de la tarde
Presenta el libro: Mª Asun Beamonte, profesora de la Universidad de Zaragoza

TEXTO:

Buenas tardes a todos.

Es para mí un honor y me produce una gran satisfacción dirigirme a todos los asistentes a esta presentación para hablarles de mi libro y de la experiencia personal que en él se narra de un viaje que realicé hace ya más de cuatro años a la zona tropical de Colombia.

Pero antes de proceder a ello, quiero expresar mis agradecimientos:

En primer lugar, a la Biblioteca Municipal “María Moliner” que nos acoge;  a la red de bibliotecas municipales de Zaragoza por la pronta, resuelta y positiva respuesta que dio  a la solicitud de cesión del local para la celebración de este acto, que en su momento formulé; y en especial a Delia y Pilar.

En segundo lugar, a la profesora de la Universidad de esta ciudad, prima hermana mía además, por haber aceptado hacerse cargo, casi sin pestañear,  de llevar a cabo la presentación crítica del libro, y muy especialmente por las palabras tan afectuosas que ha pronunciado sobre la obra y sobre mí mismo.

En tercer lugar, mi agradecimiento también a todos los presentes por su asistencia, con referencia destacable a mis familiares que, en gran número, se encuentran entre ellos, y al Gerente del Colegio de Abogados de Zaragoza que ha tenido la gentileza de acompañarnos esta tarde.

MIS CIRCUNSTANCIAS PERSONALES
Entrando ya a referirme a lo que forma parte de alguna manera del objeto de este acto, deseo dar algún dato biográfico sobre mí mismo, para quienes no me conozcan en absoluto.

Nací en esta ciudad de Zaragoza el año 1948, en una casa no muy lejos de este lugar. Concretamente en la calle Estébanes, en la esquina con la Plaza Sas. También en esta ciudad estudié casi todos los cursos del bachillerato (con la excepción de un curso que hice en Logroño) y de la Licenciatura en Derecho (con la excepción del último que hice en Barcelona ). Por otra parte, es en la capital aragonesa donde reside la mayor parte de mis parientes por línea materna, y en donde están enterrados mis padres, mis abuelos maternos y alguno de mis bisabuelos entre otros. Pertenezco, pues, a la cuarta generación de zaragozanos de mi familia.

En 1971 me trasladé a vivir a Cataluña para casarme con una barcelonesa, y allí he desarrollado hasta hoy  mi vida personal, familiar y profesional. En la actualidad resido en un pequeño pueblo de escasamente 400 habitantes, situado en los límites entre las provincias de Tarragona y Lérida, pero desarrollo mi actividad como abogado, actuando ante los tribunales, en la capital Lérida (o Lleida –como parece ser que es más correcto decir)

MIS AFICIONES LITERARIAS
Por lo que se refiere a mis aficiones literarias, he de contarles que comencé a escribir lo que se puede conceptuar como una especia de literatura hacia los 12 años, en forma de un diario personal que se extravió cuando tenía unos 18 años, edad en que empecé a escribir cuentos, y poemas e incluso algún intento de novela que no pasó de intento. Y fue en esta ciudad donde hice mis primeros pinitos en estas lides de cara al exterior. En primer lugar porque pertenecí a la plantilla de Radio Popular de Zaragoza durante unos años, como locutor y redactor. Y también porque recuerdo incluso haberle presentado algún original manuscrito a José María Zaldivar, conocido entonces como “El vigía” – y que los más veteranos de los presentes pueden recordar- para su revista, cuyo destino final no recuerdo cuál fue.

Al trasladarme a vivir a Cataluña, no abandoné mis aficiones literarias, ejercitadas en privado por lo general,  mientras me dedicaba a mi profesión de jurista, puesto que  publiqué algunos artículos de opinión en prensa, entre ellos en la revista zaragozana “Andalán”. Por fin, también en los años ochenta comencé a publicar en formato libro. Primero con dos obras en colaboración editados por una Asociación de Poetas y Narradores a la que pertenecía. Y, finalmente, en solitario, dando a conocer los tres libros que por ahora me han editado: “La voz que muda” (poesía 2004), “Las dudas del caminante” (2007) y “La boda de Andrea” (2011). De los dos primeros no existe todavía versión en castellano de los originales en catalán.

Quiero señalar que mis libros en prosa están dirigidos a toda clase de lectores sin distinción. Todo el mundo que sepa leer podrá leerlos sin problemas, porque utilizo un lenguaje llano y nada rebuscado. Después, cada lector, según su grado de instrucción,  su nivel de desarrollo emocional y su estado de ánimo al leerlos podrá extraer de ellos más o menos, pero en principio se trata de una literatura totalmente accesible. Yo busco la comunicación con el lector por encima de todo. Se trata, para mí, de que los lectores puedan vivir mis emociones, lo que yo siento cuando escribo el relato, e incluso –si puede ser- que el lector viva mis experiencias como si fueran suyas. Y para conseguir eso, mi método es escribir en un lenguaje sencillo, sin menoscabar para nada la necesaria corrección desde el punto de vista literario y lingüístico.

Por otra parte, quiero añadir a lo anterior, que mi técnica es redactar capítulos cortos, que se puedan leer en pocos minutos (por la noche, por ejemplo, en la cama antes de apagar la luz) para poder dejar el libro en cualquier momento, y retomarlo en otro instante sin haber perdido el hilo argumental. Me hago cargo de que la vida que llevamos hoy en día, en general, está llena de ocupaciones y de que las 24 horas pasan volando, y es por esta razón también por la que construyo los libros a base capítulos cortos, como una especie de pequeñas dosis perfectamente asumible a pesar de la prisa y el desasosiego reinantes.

EL PLACER DE VIAJAR
A mí me gusta escribir pero también viajar. Tanto como escribir. El binomio perfecto para mí es viajar a cualquier lugar del mundo y quedarme allí el tiempo necesario para poder escribir mis impresiones sobre el viaje y sobre mí mismo mientras experimento lo que va sucediendo día a día. Y, al final, si puede ser, publicar un libro que lo recoja todo para dárselo a los lectores.

Viajar es, a mi entender, la mejor manera de experimentar que estoy vivo. Nada como viajar me produce una sensación de bienestar tan grande. Cuando viajo, me renuevo totalmente, de arriba abajo.

Viajar me permite afinar los sentidos y estar pendiente de todo lo que se mueva. Los viajes pueden estar llenos de novedades si estamos suficientemente atentos. A mí me gusta especialmente observar a las personas que voy encontrando por el camino, cómo viven, cómo hablan, cómo se relacionan entre sí, qué costumbres tienen, etc. Eso me resulta muy gratificante siempre. Es como si uno no fuera uno mismo durante unos días y viviera otra vida, llena de intensidad.

EL PLACER DE ESCRIBIR
Pues a pesar de eso, a parte de la magnífica sensación de espacio y amplitud que proporciona viajar como yo lo hago,  aún hay una forma más profunda de viajar que consiste en relatar lo que estás viviendo. De hecho, muchas personas lo hacen a través de los vídeos o de las fotografías que toman para luego enseñárselas a los amigos y familiares. Sin embargo, en mi caso puedo disfrutar además del placer de escribir a diario en mi dietario las impresiones que cualquier cosa me produzca. Y el placer estriba en hacerlo cuando me quedo solo, sin nadie a mi lado. Yo escribo en soledad y es entonces cuando disfruto de verdad del hecho de escribir sobre las mil cosas de cada día porque es volver a vivirlas pero en un plano más reflexivo, más atento en definitiva a los matices, más emotivo incluso.

Esas anotaciones en mi dietario se han convertido en dos ocasiones en sendos libros, como ya he adelantado, porque los respectivos viajes han durado suficiente tiempo para recoger los materiales narrativos que necesitaba. En todos los demás casos, no ha surgido ninguna narración organizada como relato de cara a otras personas, pero subsisten las anotaciones en los dietarios por si alguna vez decido utilizarlas en otros procesos creativos.

De esos viajes que se convierten en libro, surge también la oportunidad magnífica de trabar contacto con los lectores a través de las presentaciones que hago de forma pública.  Del primer libro en prosa (Las dudas del caminante) hice ocho presentaciones. En el caso de La boda de Andrea, ésta es la cuarta presentación y puede que haga un par más en el futuro.

El contacto directo con los lectores o futuros lectores consigue que vuelva otra vez a retomar mis impresiones de los viajes realizados. Y esa no es la última  vuelta de tuerca que doy a estos temas, puesto que además, en el caso de La boda de Andrea, abrí un blog en Internet con el mismo nombre para que los lectores pudieran anotar sus impresiones después de haber leído el libro,  algunas de las cuales respondo expresando las mías.

Y así es como cierro el ciclo de viajar con placer como a mí me gusta hacerlo.

MI VIAJE AL TRÓPICO COLOMBIANO
Refiriéndome ya a lo que constituye el argumento del libro, puedo decirles que se trata de una narración que en parte ficción y en parte realidad. Quise aprovechar que me surgió la oportunidad de “saltar el charco” por primera vez en mi vida con ocasión de la celebración de una boda, para visitar una zona de Colombia, la tropical, en el Valle del Cauca donde existen unas poblaciones numerosísimas (Cali, la capital, tiene nada menos que 3.500.000 de habitantes ) y asimismo para conocer de cerca a sus gentes, sus costumbres, sus fiestas, su habla, sus monumentos, sus paisajes, etc.

EL TEXTO LITERARIO
El texto fue construido a partir de un dietario que llevo conmigo siempre que viajo. Por eso existe una cierta cronología en la narración, y eso permite al lector que acompañe al narrador, desde su llegada a América hasta su vuelta casa. A mí me parece que es una buena manera de que el protagonista de la experiencia viajera muestre a los eventuales lectores sus descubrimientos, sus sensaciones de sorpresa, sus emociones, en definitiva, frente a lo novedoso, a medida que los propios hechos se van produciendo.

No se trata de un libro sesudo ni erudito. No era ésta mi intención al escribirlo, pero es que además hay que tener en cuenta que en poco más de 20 días de mi estancia allí no resultaba posible pronunciarse objetivamente sobre nada de lo que viví. Se trata más bien de un libro sobre las impresiones y sensaciones que tuve frente a lo que fui viendo y a lo que me fue pasando. No he usado, por tanto, datos científicos, históricos, geográficos o literarios en otras fuentes. Mis  únicas fuentes fueron  lo que los habitantes del Valle del Cauca me trasmitieron o mis propias apreciaciones subjetivas.

Es importante señalar lo que acabo de decir porque, al menos por las opiniones que me han ido llegando de algunas personas que han leído “La boda de Andrea”, su lectura resulta fácil, ligera y emocionante, hasta el punto de que, a algunos de ellos les ha resultado bastante difícil dejar de leerlo porque su lectura les había atrapado. Y en otros casos se había producido el fenómeno de que el propio lector creía estar viviendo los episodios que se narraban en él.  Creo que se trata de la identificación entre lector y narrador, circunstancia  muy habitual en el ámbito literario, pero que, en mi caso, me ha satisfecho enormemente porque al tratarse de mi segundo libro en prosa, he vivido el hecho como una confirmación de que el estilo de mi escritura convence y atrapa, que es lo que busca un autor por encima de todo. Es verdad, por otra parte, que la misma circunstancia se dio con mi anterior libro “Las dudas del caminante”, y que fue eso lo que me decidió a escribir “La boda de Andrea” siguiendo las pautas del primero.

LA BODA DE ANDREA
Refiriéndome ya Andrea, la protagonista de mi relato, y tal como ya se pone de manifiesto en el libro, es una amiga mía, artista plástica, con la que había coincidido hacía unos dos años cuando se inicia la narración en un encuentro literario en la Editorial que publica mis libros. Ella  se encontraba presente allí porque, además de ser pintora, es ilustradora de libros infantiles, y así fue como llegamos a conocernos. Luego tuvimos muchas otras oportunidades de seguir tratándonos. A mí me gustaba (y me gusta) pasarme por su estudio a ver sus cuadros o lo que estuviera preparando, pero así mismo para hablar largo y tendido sobre muchas cosas que nos interesaban a los dos y que nos unieron.

Un buen día, ella me comunicó que iba a casarse con su novio (que era catalán) en la ciudad de Cali, de donde ella es originaria, y que me invitaba a asistir a su boda. Mi reacción fue totalmente emotiva y acepté la invitación sin pensármelo dos veces. Ahí es nada –pensé- viajar a América, a la zona tropical de Colombia, acogido por una familia de allí y asistir a una boda tradicional. ¡Y todo  -como se diría ahora coloquialmente, en un mismo pack!. Faltaban bastantes meses para el evento, así es que pude organizar mi viaje de forma reflexiva para no causar distorsiones importantes a mi familia o en mi trabajo.

El día 9 de diciembre de 2007 salíamos para Colombia desde el aeropuerto del Prat en Barcelona, con escala en Madrid y con dirección a Bogotá, primeramente, y a Cali después. Mi estado de ánimo no era muy bueno al iniciar el viaje porque me hallaba bastante estresado. Había tenido que adelantar el trabajo de un mes para poder disfrutar de mi mes de vacaciones en diciembre, y sobre todo porque, como muchos de los presentes conocen, justo ese mismo día un familiar mío muy próximo y muy querido había sufrido un accidente muy grave y se hallaba en una UCI de Zaragoza. A pesar de todo, no suspendí el viaje, y desde Colombia seguí muy de cerca la evolución de su estado, del cual saldría totalmente meses más tarde hasta hoy que goza de muy buena salud.

LA COLÒMBIA TROPICAL
Colombia es un magnífico país. Sus espacios naturales, sus gentes, la alegría de las personas, su música, su hospitalidad, etc.,  son unos pocos de lños atractivos que hacen que el visitante quede prendado del país desde el primer momento. Es cierto que aun colea algún residuo de los duros años de la violencia pasada, sobre todo la vinculada al narcotráfico, pero la situación está siendo superada poco a poco. Los colombianos en general, y muy mayoritariamente, quieren vivir en paz, tener trabajo para tirar adelante y disfrutar de la vida. En mi opinión, aquí, en Europa, hemos perdido algunos elementos del saber vivir que allí, en cambio, todavía se conservan. Eso no quiere decir que el país sudamericano no esté incorporado a la modernidad. Cali, la capital del Valle del Cauca, con sus 3,5 millones de habitantes funciona bastante bien. Es verdad que subsiste una capa de la población que es muy pobre, miles de personas que viven en condiciones muy precarias. Se trata principalmente de campesinos que han sido desplazados del campo a la ciudad, obligados por los enfrentamientos entre la guerrilla y el ejército regular, y también por los paramilitares y los narcos.

Sin embargo, a mi, particularmente, la vida en las ciudades que visité y en que habité en el Valle me cautivaron vivamente. Entre otros muchos motivos, por como tratan sus habitantes a los recién llegados, sobre todo a los españoles. Todo son manifestaciones de bienvenida y acogida hacia ellos, y a la vez una permanente manifestación de alegría y de deseos de pasarlo bien. Por eso suele decirse de Cali que es “la sucursal del cielo”.

EL BLOG DE “LA BODA DE ANDREA”
Si alguno de los presentes llega a leer el libro y lo desea, tengo un blog en Internet en el que puede escribir sobre lo que le ha reportado su lectura. La dirección es: labodadeandrea.blogspot.com. A día de hoy, son bastantes las opiniones que se han vertido ya sobre el libro, y yo las agradezco infinitamente por que me ayudan a conocer las reacciones que provoca su lectura y eso me permite, por tanto, examinar mi literatura de manera más objetiva. En todo caso, poniendo en la barra de Google “La boda de Andrea. Viaje al trópico colombiano” es fácil encontrar el blog. Espero que lo visiten y que se animen a escribir en él sus impresiones.

Gracias todos por su asistencia y por su atención.