PRESENTACIÓN DE “LA BODA DE ANDREA” EN
ZARAGOZA
Biblioteca municipal “María Moliner”
23 de abril de 2012
7 de la tarde
Presenta el libro: Mª Asun Beamonte, profesora de la Universidad de Zaragoza
TEXTO:
Buenas tardes a todos.
Es para mí un honor y me produce una gran
satisfacción dirigirme a todos los asistentes a esta presentación para
hablarles de mi libro y de la experiencia personal que en él se narra de un
viaje que realicé hace ya más de cuatro años a la zona tropical de Colombia.
Pero antes de proceder a ello,
quiero expresar mis agradecimientos:
En primer lugar,
a la Biblioteca
Municipal “María Moliner” que nos acoge; a la red de bibliotecas municipales de
Zaragoza por la pronta, resuelta y
positiva respuesta que dio a la
solicitud de cesión del local para la celebración de este acto, que en su momento formulé; y en especial a Delia y Pilar.
En segundo lugar,
a la profesora de la Universidad de esta ciudad,
prima hermana mía además, por haber
aceptado hacerse cargo, casi sin
pestañear, de llevar a cabo la presentación crítica del
libro, y muy especialmente por las
palabras tan afectuosas que ha pronunciado sobre la obra y sobre mí mismo.
En tercer lugar,
mi agradecimiento también a todos los presentes por su asistencia, con referencia destacable a mis familiares que, en gran número,
se encuentran entre ellos, y al
Gerente del Colegio de Abogados de Zaragoza que ha tenido la gentileza de
acompañarnos esta tarde.
MIS CIRCUNSTANCIAS PERSONALES
Entrando ya a referirme a lo que forma parte de
alguna manera del objeto de este acto,
deseo dar algún dato biográfico sobre mí mismo,
para quienes no me conozcan en absoluto.
Nací en esta ciudad de Zaragoza el año 1948, en una casa no muy lejos de este lugar.
Concretamente en la
calle Estébanes,
en la esquina con la
Plaza Sas. También en esta ciudad estudié casi todos los
cursos del bachillerato (con la excepción de un curso que hice en Logroño) y de
la Licenciatura en Derecho (con la excepción del último que hice en Barcelona
). Por otra parte, es en la capital
aragonesa donde reside la mayor parte de mis parientes por línea materna, y en donde están enterrados mis padres, mis abuelos maternos y alguno de mis bisabuelos
entre otros. Pertenezco, pues, a la cuarta generación de zaragozanos de mi
familia.
En 1971 me trasladé a vivir a Cataluña para casarme
con una barcelonesa, y allí he
desarrollado hasta hoy mi vida personal, familiar y profesional. En la actualidad resido en
un pequeño pueblo de escasamente 400 habitantes,
situado en los límites entre las provincias de Tarragona y Lérida, pero desarrollo mi actividad como abogado, actuando ante los tribunales,
en la capital Lérida
(o Lleida –como parece ser que es más correcto decir)
MIS AFICIONES LITERARIAS
Por lo que se refiere a mis aficiones literarias, he de contarles que comencé a escribir lo que se
puede conceptuar como una especia de literatura hacia los 12 años, en forma de un diario personal que se extravió
cuando tenía unos 18 años, edad en
que empecé a escribir cuentos, y
poemas e incluso algún intento de novela que no pasó de intento. Y fue en esta
ciudad donde hice mis primeros pinitos en estas lides de cara al exterior. En
primer lugar porque pertenecí a la plantilla de Radio Popular de Zaragoza
durante unos años, como locutor y
redactor. Y también porque recuerdo incluso haberle presentado algún original
manuscrito a José María Zaldivar,
conocido entonces como “El vigía” – y que los más veteranos de los presentes
pueden recordar- para su revista,
cuyo destino final no recuerdo cuál fue.
Al trasladarme a vivir a Cataluña, no abandoné mis aficiones literarias, ejercitadas en privado por lo general, mientras me
dedicaba a mi profesión de jurista,
puesto que publiqué algunos artículos de
opinión en prensa, entre ellos en la
revista zaragozana “Andalán”. Por fin,
también en los años ochenta comencé a publicar en formato libro. Primero con
dos obras en colaboración editados por una Asociación de Poetas y Narradores a
la que pertenecía. Y, finalmente, en solitario,
dando a conocer los tres libros que por ahora me han editado: “La voz que muda”
(poesía 2004), “Las dudas del
caminante” (2007) y “La boda de Andrea” (2011). De los dos primeros no existe
todavía versión en castellano de los originales en catalán.
Quiero señalar que mis libros en prosa están
dirigidos a toda clase de lectores sin distinción. Todo el mundo que sepa leer
podrá leerlos sin problemas, porque
utilizo un lenguaje llano y nada rebuscado. Después,
cada lector, según su grado de
instrucción, su nivel de desarrollo emocional y su estado
de ánimo al leerlos podrá extraer de ellos más o menos,
pero en principio se trata de una literatura totalmente accesible. Yo busco la
comunicación con el lector por encima de todo. Se trata,
para mí, de que los lectores puedan
vivir mis emociones, lo que yo
siento cuando escribo el relato, e
incluso –si puede ser- que el lector viva mis experiencias como si fueran
suyas. Y para conseguir eso, mi
método es escribir en un lenguaje sencillo,
sin menoscabar para nada la necesaria corrección desde el punto de vista
literario y lingüístico.
Por otra parte,
quiero añadir a lo anterior, que mi
técnica es redactar capítulos cortos,
que se puedan leer en pocos minutos (por la noche,
por ejemplo, en la cama antes de
apagar la luz) para poder dejar el libro en cualquier momento, y retomarlo en otro instante sin haber perdido el
hilo argumental. Me hago cargo de que la vida que llevamos hoy en día, en general,
está llena de ocupaciones y de que las 24 horas pasan volando, y es por esta razón también por la que construyo
los libros a base capítulos cortos,
como una especie de pequeñas dosis perfectamente
asumible a pesar de la prisa y el desasosiego reinantes.
EL PLACER DE VIAJAR
A mí me gusta escribir pero también viajar. Tanto
como escribir. El binomio perfecto para mí es viajar a cualquier lugar del
mundo y quedarme allí el tiempo necesario para poder escribir mis impresiones
sobre el viaje y sobre mí mismo mientras experimento lo que va sucediendo día a
día. Y, al final, si puede ser,
publicar un libro que lo recoja todo para dárselo a los lectores.
Viajar es,
a mi entender, la mejor manera de
experimentar que estoy vivo. Nada como viajar me produce una sensación de
bienestar tan grande. Cuando viajo,
me renuevo totalmente, de arriba
abajo.
Viajar me permite afinar los sentidos y estar
pendiente de todo lo que se mueva. Los viajes pueden estar llenos de novedades
si estamos suficientemente atentos. A mí me gusta especialmente observar a las
personas que voy encontrando por el camino,
cómo viven, cómo hablan, cómo se relacionan entre sí,
qué costumbres tienen, etc. Eso me
resulta muy gratificante siempre. Es como si uno no fuera uno mismo durante
unos días y viviera otra vida, llena
de intensidad.
EL PLACER DE ESCRIBIR
Pues a pesar de eso,
a parte de la magnífica sensación de espacio y amplitud que proporciona viajar
como yo lo hago, aún hay una forma más profunda de viajar que
consiste en relatar lo que estás viviendo. De hecho,
muchas personas lo hacen a través de los vídeos o de las fotografías que toman
para luego enseñárselas a los amigos y familiares. Sin embargo, en mi caso puedo disfrutar además del placer de
escribir a diario en mi dietario las impresiones que cualquier cosa me
produzca. Y el placer estriba en hacerlo cuando me quedo solo, sin nadie a mi lado. Yo escribo en soledad y es
entonces cuando disfruto de verdad del hecho de escribir sobre las mil cosas de
cada día porque es volver a vivirlas pero en un plano más reflexivo, más atento en definitiva a los matices, más emotivo incluso.
Esas anotaciones en mi dietario se han convertido en
dos ocasiones en sendos libros, como
ya he adelantado, porque los
respectivos viajes han durado suficiente tiempo para recoger los materiales
narrativos que necesitaba. En todos los demás casos,
no ha surgido ninguna narración organizada como relato de cara a otras personas, pero subsisten las anotaciones en los dietarios
por si alguna vez decido utilizarlas en otros procesos creativos.
De esos viajes que se convierten en libro, surge también la oportunidad magnífica de trabar
contacto con los lectores a través de las presentaciones que hago de forma
pública. Del primer libro en prosa (Las
dudas del caminante) hice ocho presentaciones. En el caso de La boda de Andrea, ésta es la cuarta presentación y puede que haga un
par más en el futuro.
El contacto directo con los lectores o futuros
lectores consigue que vuelva otra vez a retomar mis impresiones de los viajes
realizados. Y esa no es la última vuelta
de tuerca que doy a estos temas,
puesto que además, en el caso de La
boda de Andrea, abrí un blog en
Internet con el mismo nombre para que los lectores pudieran anotar sus
impresiones después de haber leído el libro, algunas de las cuales respondo expresando las
mías.
Y así es como cierro el ciclo de viajar con placer
como a mí me gusta hacerlo.
MI VIAJE AL TRÓPICO COLOMBIANO
Refiriéndome ya a lo que constituye el argumento del
libro, puedo decirles que se trata
de una narración que en parte ficción y en parte realidad. Quise aprovechar que
me surgió la oportunidad de “saltar el charco” por primera vez en mi vida con
ocasión de la celebración de una boda,
para visitar una zona de Colombia,
la tropical, en el Valle del Cauca
donde existen unas poblaciones numerosísimas (Cali,
la capital, tiene nada menos que
3.500.000 de habitantes ) y asimismo para conocer de cerca a sus gentes, sus costumbres,
sus fiestas, su habla, sus monumentos,
sus paisajes, etc.
EL TEXTO LITERARIO
El texto fue construido a partir de un dietario que
llevo conmigo siempre que viajo. Por eso existe una cierta cronología en la
narración, y eso permite al lector
que acompañe al narrador, desde su
llegada a América hasta su vuelta casa. A mí me parece que es una buena manera
de que el protagonista de la experiencia viajera muestre a los eventuales
lectores sus descubrimientos, sus
sensaciones de sorpresa, sus
emociones, en definitiva, frente a lo novedoso,
a medida que los propios hechos se van produciendo.
No se trata de un libro sesudo ni erudito. No era
ésta mi intención al escribirlo,
pero es que además hay que tener en cuenta que en poco más de 20 días de mi
estancia allí no resultaba posible pronunciarse objetivamente sobre nada de lo
que viví. Se trata más bien de un libro sobre las impresiones y sensaciones que
tuve frente a lo que fui viendo y a lo que me fue pasando. No he usado, por tanto,
datos científicos, históricos, geográficos o literarios en otras fuentes.
Mis únicas fuentes fueron lo que los habitantes del Valle del Cauca me
trasmitieron o mis propias apreciaciones subjetivas.
Es importante señalar lo que acabo de decir porque, al menos por las opiniones que me han ido llegando
de algunas personas que han leído “La boda de Andrea”,
su lectura resulta fácil, ligera y
emocionante, hasta el punto de que, a algunos de ellos les ha resultado bastante
difícil dejar de leerlo porque su lectura les había atrapado. Y en otros casos
se había producido el fenómeno de que el propio lector creía estar viviendo los
episodios que se narraban en él. Creo
que se trata de la identificación entre lector y narrador,
circunstancia muy habitual en el ámbito
literario, pero que, en mi caso,
me ha satisfecho enormemente porque al tratarse de mi segundo libro en prosa, he vivido el hecho como una confirmación de que el
estilo de mi escritura convence y atrapa,
que es lo que busca un autor por encima de todo. Es verdad, por otra parte,
que la misma circunstancia se dio con mi anterior libro “Las dudas del
caminante”, y que fue eso lo que me
decidió a escribir “La boda de Andrea” siguiendo las pautas del primero.
LA
BODA DE ANDREA
Refiriéndome ya Andrea,
la protagonista de mi relato, y tal
como ya se pone de manifiesto en el libro,
es una amiga mía, artista plástica, con la que había coincidido hacía unos dos años
cuando se inicia la narración en un encuentro literario en la Editorial que
publica mis libros. Ella se encontraba
presente allí porque, además de ser
pintora, es ilustradora de libros
infantiles, y así fue como llegamos
a conocernos. Luego tuvimos muchas otras oportunidades de seguir tratándonos. A
mí me gustaba (y me gusta) pasarme por su estudio a ver sus cuadros o lo que
estuviera preparando, pero así mismo
para hablar largo y tendido sobre muchas cosas que nos interesaban a los dos y
que nos unieron.
Un buen día,
ella me comunicó que iba a casarse con su novio (que era catalán) en la ciudad
de Cali, de donde ella es originaria, y que me invitaba a asistir a su boda. Mi reacción
fue totalmente emotiva y acepté la invitación sin pensármelo dos veces. Ahí es
nada –pensé- viajar a América, a la
zona tropical de Colombia, acogido
por una familia de allí y asistir a una boda tradicional. ¡Y todo -como se diría ahora coloquialmente, en un mismo pack!. Faltaban bastantes meses para
el evento, así es que pude organizar
mi viaje de forma reflexiva para no causar distorsiones importantes a mi
familia o en mi trabajo.
El día 9 de diciembre de 2007 salíamos para Colombia
desde el aeropuerto del Prat en Barcelona,
con escala en Madrid y con dirección a Bogotá,
primeramente, y a Cali después. Mi
estado de ánimo no era muy bueno al iniciar el viaje porque me hallaba bastante
estresado. Había tenido que adelantar el trabajo de un mes para poder disfrutar
de mi mes de vacaciones en diciembre,
y sobre todo porque, como muchos de
los presentes conocen, justo ese
mismo día un familiar mío muy próximo y muy querido había sufrido un accidente
muy grave y se hallaba en una UCI de Zaragoza. A pesar de todo, no suspendí el viaje,
y desde Colombia seguí muy de cerca la evolución de su estado, del cual saldría totalmente meses más tarde hasta
hoy que goza de muy buena salud.
LA
COLÒMBIA TROPICAL
Colombia es un magnífico país. Sus espacios
naturales, sus gentes, la alegría de las personas,
su música, su hospitalidad, etc., son unos pocos de lños atractivos que hacen
que el visitante quede prendado del país desde el primer momento. Es cierto que
aun colea algún residuo de los duros años de la violencia pasada, sobre todo la vinculada al narcotráfico, pero la situación está siendo superada poco a
poco. Los colombianos en general, y
muy mayoritariamente, quieren vivir
en paz, tener trabajo para tirar
adelante y disfrutar de la
vida. En mi opinión,
aquí, en Europa, hemos perdido algunos elementos del saber vivir que
allí, en cambio, todavía se conservan. Eso no quiere decir que el
país sudamericano no esté incorporado a la modernidad. Cali, la capital del Valle del Cauca, con sus 3,5
millones de habitantes funciona bastante bien. Es verdad que subsiste una capa
de la población que es muy pobre,
miles de personas que viven en condiciones muy precarias. Se trata
principalmente de campesinos que han sido desplazados del campo a la ciudad, obligados por los enfrentamientos entre la
guerrilla y el ejército regular, y
también por los paramilitares y los narcos.
Sin embargo,
a mi, particularmente, la vida en las ciudades que visité y en que habité
en el Valle me cautivaron vivamente. Entre otros muchos motivos, por como tratan sus habitantes a los recién
llegados, sobre todo a los
españoles. Todo son manifestaciones de bienvenida y acogida hacia ellos, y a la vez una permanente manifestación de alegría
y de deseos de pasarlo bien. Por eso suele decirse de Cali que es “la sucursal
del cielo”.
EL BLOG DE “LA BODA DE ANDREA”
Si alguno de los presentes llega a leer el libro y
lo desea, tengo un blog en Internet
en el que puede escribir sobre lo que le ha reportado su lectura. La dirección
es: labodadeandrea.blogspot.com. A día de hoy,
son bastantes las opiniones que se han vertido ya sobre el libro, y yo las agradezco infinitamente por que me ayudan
a conocer las reacciones que provoca su lectura y eso me permite, por tanto,
examinar mi literatura de manera más objetiva. En todo caso, poniendo en la barra de Google “La boda de Andrea.
Viaje al trópico colombiano” es fácil encontrar el blog. Espero que lo visiten
y que se animen a escribir en él sus impresiones.
Gracias todos por su asistencia y por su atención.